DESARROLLO CEREBRAL
  • La importancia del DHA en la estructura y función del cerebro es casi universalmente aceptada por el mundo científico por la sola razón de que el ácido graso se encuentra altamente concentrado en el tejido cerebral. El 60-65% de los lípidos totales del cerebro son ácidos grasos poliinsaturados y de este porcentaje más del 85% está constituido por DHA.
  • En el bebé humano, el desarrollo del cerebro experimenta su crecimiento más rápido y complejo durante el último trimestre del embarazo y los dos primeros años después del nacimiento. Aproximadamente el 70% del suministro de energía durante el desarrollo fetal está dedicado al desarrollo del cerebro, y los lípidos constituyen 50 a 60% de la estructura de este, con el DHA que compone el 30% del cerebro y el 50% de la estructura de la retina. Esto significa que durante este período el desarrollo neurológico posterior del niño depende de su ingesta dietética de los nutrientes esenciales, especialmente los aceites omega-3.
  • Debido a que el cerebro del feto y el bebé es incapaz de convertir el aceite alfa-linolénico (un aceite omega-3 que se encuentran en algunos aceites vegetales) en DHA, el bebé depende casi totalmente de su madre para su suministro. Deficiencias de DHA en la madre pueden provocar un aumento de la deficiencia de DHA en el cerebro infantil.
  • Una consecuencia devastadora del bajo nivel de DHA es su impacto en el desarrollo de anormalidades neurológicas. En otro estudio, los investigadores midieron el DHA, ácidos grasos esenciales, ácidos grasos trans, y los niveles de ácido araquidónico en la arteria y vena umbilical de los recién nacidos. Ellos encontraron que los niños con alteraciones neurológicas al nacer tenían niveles significativamente más bajos de ácido araquidónico y DHA y niveles más altos de ácidos grasos trans. Por el contrario, los bebés con niveles superiores de ácido araquidónico, DHA, y ácidos grasos esenciales tenían más función neurológica normal.
    Nota del editor: Si bien los niveles excesivos de ácido araquidónico contribuyen a la inflamación crónica en el envejecimiento de los seres humanos, el ácido araquidónico es un bloque de construcción fundamental para el cerebro en desarrollo.
DHA Y EL CEREBRO ADULTO
Mientras que el DHA es esencial para el correcto desarrollo del cerebro infantil, también desempeña un papel vital en la actual estructura y funciones del cerebro adulto.
Los ácidos grasos funcionan tanto como sustratos de energía como componentes integrales de la membrana celular. Se propone que la incorporación de ácidos grasos poli-insaturados disminuye la fracción de colesterol total, la que lleva a un incremento en la fluidez de membrana, componente esencial para mantener la función sináptica a través del incremento en la afinidad de receptores y la mejoría de los procesos de las distintas funciones cerebrales superiores. Se han descrito algunas regiones en particular donde el DHA tiene un papel predominante, siendo uno de ellos a nivel del hipocampo, donde los niveles de DHA han sido directamente asociados con la ingesta de la dieta y, a mayores niveles, se ha demostrado un incremento en los procesos de aprendizaje dependientes de esta región, mientras que por otro lado el DHA se ha ligado a fenómenos de neurogénesis hipocampal en el cerebro adulto.
El DHA es uno de los principales ácidos grasos constituyentes del tejido cerebral y a través de diversos estudios se ha demostrado su participación en las distintas etapas del desarrollo, tanto neural como en otros sistemas del organismo, con base tanto en estudios de modelos animales como en humanos y se han proporcionado distintas vías bioquímicas de su mecanismo de acción, ya sea independiente o en asociación con algunos de sus derivados con acción neuro-protectora.
Se ha logrado demostrar mediante estudios observacionales y experimentales la tendencia a obtener una mejoría con la suplementación de DHA tanto en pacientes adultos sanos como en aquellos pacientes con demencia leve. Los estudios observacionales también muestran un mayor beneficio con el consumo de pescado de forma habitual, una de las principales fuentes naturales de DHA, con una tendencia positiva traducida en un menor número de personas con deterioro cognoscitivo.
Además, existe evidencia de que a medida que envejecemos, la distribución de DHA en el cerebro cambia. Por ejemplo, durante la infancia los niveles más altos se encuentran en el cuerpo estriado (asociado con el control de motor) y son más bajos en el hipotálamo (que une los sistemas nervioso y endocrino) y el hipocampo (asociada con la memoria). En los adultos, los niveles más altos se encuentran en la corteza (esencial para la cognición) y la más baja en el bulbo raquídeo (crucial para la función autonómica). Con la edad, los niveles más altos se encuentran en la corteza y el cerebelo (que participan en el control motor). Un ejemplo de esta especificidad regional se observó en un estudio reciente, cuando los científicos restauraron DHA en la dieta de las ratas que habían sido privados de los nutrientes. Ellos encontraron que en todas las áreas del cerebro el DHA se restauraró después de 12 semanas, a excepción de la médula, que recuperó solamente el 62% del DHA. Estos resultados, por tanto, proporcionan pruebas abundantes de que el consumo suficiente de DHA puede ser esencial para el mantenimiento del cerebro adulto.

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